MADRES HACIENDO PORNO

Hace unos meses se estrenó en Movistar un documental realizado por cinco madres británicas que deciden hacer porno para sus hijos. No, ellas no son las protagonistas, ver a tu madre en una situación así puede resultar bastante traumatizante, además de vergonzoso. El proyecto de estas mujeres ha consistido en escribir un guión, seleccionar a los actores y grabar una película adulta con una perspectiva menos machista, violenta e irreal que las que ven sus hijos. Horrorizadas por los vídeos que sus vástagos de entre doce y veinticinco años reciben en sus móviles, ellas toman una decisión: ya que lo van a ver, que al menos vean algo más respetuoso, realista y posible. El resultado es una cinta “porno” en la que se pixelan los genitales de actores sin cuerpos perfectos y el sexo no se basa solo en el coito ni en el placer del macho. Puede resultar algo molesto ver una peli guarra hecha por tu madre, puede ser que el producto final esté dulcificado, pero es innegable la valentía y sobre todo la creatividad de estas cinco inglesas geniales.


"Madres haiendo porno" Documental disponible en Movistar

Con las nuevas generaciones de adolescentes, a los padres no nos queda otra que adelantarse a lo que viene y hacerlo de forma creativa. La educación sexual sigue siendo una asignatura pendiente tanto dentro de las familias como en los colegios. Los chavales, al carecer de información de su entorno cercano, la buscan en las redes sociales e Internet, mientras que los padres asustados, no hacemos mucho por solucionarlo.


¿Qué tipo de educación sexual reciben nuestros hijos en casa?


1. NINGUNA. Esta opción es la más común. No solo la generación de mis abuelos, mis padres y la mía propia sufrieron de ausencia total de información acerca del sexo. Los adolescentes de hoy en su mayoría tampoco reciben consejos de ningún tipo. Porque da mucha vergüenza, porque ya lo aprenderán en el colegio, por motivos religiosos, por puritanismo. Muchos son los motivos y pocas las soluciones, pero lo único certero es que nuestros hijos nos guste o no, se interesarán por el sexo y casi el cien por cien de ellos verán porno.


Lo harán a una edad mucho más temprana que nosotros, accederán a ello con una facilidad increíble y verán escenas que nada tienen que ver con las películas de antaño. Lo van a ver señores y señoras, aunque no tengan móvil, aunque les llevemos a vivir al campo sin una gota de señal de wifi, aunque les metamos miedo, aunque les cortemos los deditos. Nosotros lo vimos también en nuestra adolescencia, pero existen diferencias grandes al respecto.


Censored: https://www.behance.net/jotales

Lo primero es que somos una generación más informada que la que tuvo que educarnos a nosotros, con lo cual estamos más obligados a hacerlo, aunque sea por disminuir la culpa por regalarles un Iphone a los doce.

Segundo, por la facilidad a su acceso. Nosotros accedíamos al porno algún viernes por la noche en ausencia de nuestros padres y si teníamos el plus contratado, sino había que ir a casa del vecino, robarle una cinta escondida tras la Larousse a nuestros padres, levantar el colchón de nuestro hermano mayor o visitar la zona adulta tras la cortina del desaparecido videoclub del barrio. Muchas risas, caras rojas y esfuerzo, ese del que carecen ahora los adolescentes accediendo a lo que gusten a golpe de clic. Y tercero, por la gran diferencia entre el contenido de lo que ven ellos y lo que veíamos nosotros. Las películas de Private que veíamos en mi pubertad son comedias románticas al lado de las escenas de ahora: eyaculaciones en partes del cuerpo inimaginables, muchas bofetadas, cuerpos de plástico, enormes penes. Y más allá de guarradas gore con excrementos, escupitajos y fluidos varios, se muestran muchas escenas que son delito: violaciones en vivo, sexo con niños, palizas y castigos, consumo de drogas ilegales para quitar remordimientos. Todo ello acompañado de caras y gritos de placer. Las escenas enseñan al espectador que el placer consiste en eso, porque un estímulo al lado de otro produce aprendizaje (simple condicionamiento clásico), porque vincular placer con violencia es la premisa, y cuanto más bestia mejor. (Y por casualidad el que ejerce esa violencia es el hombre, mientras la mujer apaleada jadea de puro gusto).


2. POCA INFORMACIÓN. Existe la creencia de que informar a nuestros hijos sobre los métodos anticonceptivos es suficiente para quedarnos tranquilos con nuestra educación sexual como padres. A los chicos le damos condones, a las chicas las llevamos al ginecólogo y nos quedamos en la sala de espera. En el colegio ponen condones a plátanos y reciben información médica sobre el posible contagio de enfermedades de transmisión sexual. Ni palabra del consentimiento, de la importancia de aceptar el propio cuerpo, ninguna educación en igualdad, en la importancia de los vínculos sanos, mutismo absoluto sobre la importancia del placer propio y el ajeno.


3. INFORMACIÓN TARDÍA. “En mi casa empezaron a hablarme de sexo cuando me pillaron una prueba de embarazo”. Es una frase de una paciente, entonces tenía diecisiete años y ya llevaba dos acostándose con su novio. No podemos tratar de educar en sexualidad cuando los chicos ya llevan tiempo investigando por su cuenta. En general se llega tarde, y los expertos en el tema coinciden en adelantar la edad en que educamos a nuestros hijos en materia de sexualidad.


Es innegable el poder que el sexo tiene en nosotros desde que nacemos, ya un bebé en la cuna del hospital se toca muchas más veces sus genitales que el resto de su cuerpo, el placer que otorga el sexo (aunque el recién nacido solo sienta gusto sin saber bien de qué se trata), hace que niños aún con pañales se acaricien continuamente los genitales.


¿Qué les decimos como padres? La mayoría de las veces les regañamos, les damos un manotazo y les decimos que eso no se hace. Cada cosa a su edad desde luego, pero si sustituimos el manotazo a nuestro hijo que se toca el pito en el parque por un inesperado lanzamiento de pelota, ocuparemos sus manos con un balón, consiguiendo dos cosas a la vez: que quite las manos de ahí y además sin reproches. Según van creciendo podremos decirles a nuestras niñas que está bien tocarse y descubrir el propio cuerpo, pero que se hace en privado, que sus “partes íntimas” son solo suyas y las tienen que cuidar, es un bien muy preciado. Sobre los seis u ocho años, los niños en general experimentan una etapa en la que el sexo deja de importarles, es el llamado periodo de latencia y aunque no tomemos los números como exactos, coincide más o menos con la entrada a primaria. Es el momento ideal para trabajar en una educación emocional. Trabajar su autoestima acerca de su cuerpo y sus orientación sexual mas allá de ser una niña o un niño en el sentido fisiológico, empoderarles ante la presión de grupo (el gran enemigo en la pubertad), fomentar relaciones con niños del otro sexo de igualdad y respeto, y sobre todo orientarles en el significado del consentimiento. Que no hagan nada que no quieran, que no hagan nada que no les gustaría les hicieran a ellos. Ahora este periodo de latencia se interrumpe con estímulos externos en formato audiovisual, el niño de doce recibe en su teléfono un vídeo de un tipo comiendo cereales en el culo de una rubia. Y su cerebro no está preparado para ello. Más allá de lo asqueroso del asunto, el chaval está recibiendo su primera imagen sexual explícita a una edad en la que no está preparado. Y no es puritanismo señores, es sentido común. Lo ideal es que no lo reciba, pero los datos son devastadores, la media de edad en el inicio del consumo de porno en España son los doce años. Podemos alargar la edad y que lo reciba a los catorce no dándoles un móvil o supervisando periódicamente el suyo, pero nos guste o no lo acabará viendo.


¿No será mejor que cuando lo vea esté preparado? ¿No serán otros los ojos que observan, si desde pequeño le hemos informado? ¿No aumentaremos las posibilidades de que incluso nos cuente lo visto, si desde pequeños hemos confiado en él, hemos fomentado la comunicación y quitado hierro al asunto? De veras, las primeras veces podemos sonrojarnos, pero siendo proactivos podemos evitar muchos conflictos internos a nuestros hijos.


thepisforpenis.com

4. INFORMACIÓN MACABRA. Depredadores sexuales, pederastas, violadores, falsas cuentas en redes sociales. Existen y hay que prevenir sobre ello. Pero desde el miedo y la exageración no vamos a conseguir mucho. La mayoría de violaciones y abusos se originan en el núcleo cercano, hay veces que temer al de fuera nos pone una venda sobre la realidad cercana.


Los chicos deben recibir educación para prevenir el abuso sexual, porque igual que antes había un hombre que daba caramelos en el parque con droga (el miedo de las madres de mi generación) ahora nuestro miedo es que cualquier persona con una foto falsa puede embaucar a nuestros pequeños. Esta información es necesaria pero no suficiente; si nuestro hijo/a ha sido educado en la materia, es menos probable que acepte la solicitud de un desconocido, y en caso de que lo haga, si tiene la autoestima necesaria, será menos fácil de seducir. Es cuestión de probabilidades, educar es disminuirlas, no hacerlas desaparecer. Pero tampoco le vamos a poner un chip en el cerebro ¿no?


5. INFORMACIÓN DESIGUAL. Sin querer o queriendo, se le da diferente información a nuestros hijos que a nuestras hijas. A las niñas se les mete miedo, no vuelvas sola a casa, no te pongas una ropa determinada, no bebas alcohol ni pruebes las drogas. Con los chicos es diferente y aunque con las familias de mi alrededor estoy viendo cambios positivos al respecto, queda mucho por hacer. Por ejemplo, un tema peliagudo: La manada. La chica se fue con ellos, consintió ciertas cosas, según la información de los medios (asquerosa en su mayoría) iba bebida. Quizá se podría haber evitado si ella no hubiera dado muchos pasos equivocados, pero como seguro se hubiera evitado, es si esos chicos hubieran estado educados. La chica se encontró con unos salvajes, si en casa les hubieran hablado de respeto a la mujer, de la importancia del consentimiento, ni miles de litros de alcohol les hubieran hecho hacer lo que hicieron. Más educación a los chicos, no voy a entrar en debates que creía superados, pero resulta que los que violan en su mayoría son ellos. Y los mayores consumidores de porno son varones (aunque el número de mujeres esté creciendo).


El porno fomenta la cultura de la violación, pero no es lo único. Estar todo el día frente a Porn Tube no te hace ser un acosador per se. Pero sí es cierto que si en tus primeras visualizaciones de sexo explícito ves porno duro (y tienes once años) hará que te vuelvas menos sensible y normalices la violencia en el sexo, que veas al otro

como un objeto y creas que esa es la manera natural de hacerlo.


6. DEMASIADA INFORMACIÓN. Quizá los hijos de estas madres metidas a directoras de porno piensen que sus madres se han pasado de la raya. Pero lo que sí han conseguido seguro, es que el porno para sus hijos deje de ser un tabú, algo prohibido. A los quince años quieres hacer todo lo que te prohíben tus padres, así que con un genial golpe de psicología inversa, estas madres han hecho que el porno para sus hijos no sea algo prohibido con lo cual, perderá el morbo del agujero en la pared. Pero cuidado con esto, tampoco es cuestión de cerrarles a cal y canto la puerta entornada, el sexo por su puesto debe tener una parte de descubrimiento propio, de prohibición, de erotismo acompañado del morbo de lo vedado.


No es buena idea sentarse con tu hijo a ver una película porno, que te oigan acostándote con tu pareja o cosas así. De forma sutil quizá sí podemos dejar abierta la pantalla del ordenador con una película “inapropiada” pero pedagógica, dejar caer que nosotros, sus padres, también disfrutamos del sexo o dejar un libro sobre su cama en el que puedan buscar respuestas a sus incertidumbres. También podemos ver con ellos series en las que los protagonistas tienen sexo sin decirles que cierren los ojos o que se vayan del salón, si no aprovechar la ocasión para que se abra el dialogo sobre el tema. El punto justo que lo encuentre cada uno, equilibrio difícil que cada familia tiene que buscar.



Pero entonces ¿Es el porno malo?


No considero que el porno sea malo en sí mismo, al menos no todo el porno. Porque el porno es una manera de descubrir la propia sexualidad y ha existido y existirá siempre. Es una puesta en escena donde los protagonistas son actores y actrices “preparados” para durar horas y hacer piruetas sin despeinarse. Pero esto lo entiendo yo con mis casi cuarenta años, sin embargo un chaval de trece no sabe lo mucho que hay detrás de todo este circo (millonario):




1. El chico no sabe que el pene inmenso del protagonista es debido a una especie de goma que se pone para empalmarse o por el efecto de ciertas hormonas que se pincha ahí mismo. Tampoco la chica que ve porno, sabe que esa actriz con unos pechos inmensos tiene una vagina que ha pasado por una operación dolorosísima para parecerse a la de una Barbie.

Ambos chicos ignoran que él se ha tomado Viagra para durar tanto sin eyacular, o que ella toma Ibuprofeno cada cuatro horas para evitar los dolores de todo.


2. Como el escenario de la película es una mansión de Beverly Hills con un Porsche en la puerta, los chicos asocian el porno al lujo y al glamour, y más allá del mal gusto generalizado de las casas horteras en las que se desarrollan las orgías, ignoran que un altísimo porcentaje de actores porno se dedican a ello para poder comer y pagar las facturas, como último recurso a una situación desesperada. La mayoría cobran sueldos míseros, muchos y muchas son chicos y chicas muy jóvenes engañados por verdaderos seres detestables, y ocultan sus trabajos a sus familiares y amigos.


3. Las estrellas del porno argumentan que las películas son ficción, al igual que las de super héroes, que no hay que creerse todo lo que uno ve en la televisión. Yo no tengo que decir a mi hijo que no puede volar, ya se lo dice la ausencia de alas en su cuerpo, ni que puede lanzar telarañas para subir a los rascacielos, mi hijo sabe de sobra que no es una araña. Pero sí puede tener sexo, y sí tiene genitales, con lo cual, es necesario sepan que esto no es real, que su vida sexual es poco probable se parezca al de estas escenas (y por suerte). Débil argumento este.


4. Por último algo que ellos no saben y para mi es el motivo determinante para educarles en una sexualidad sana tanto a mi hijo como a mi hija, es el placer inmenso del sexo con otro que te respeta, te cuida y te hace gozar. No podemos elegir cuándo ni con quién se acostarán nuestros hijos, pero sí podemos ayudarles a no caer en el error de acostarse sus primeras veces totalmente colocados, o con alguien que no sabe ni su nombre, o con alguien que le supera demasiado en edad o en experiencia y no va a respetar sus gustos y barreras. Es un error no en clave de moralina, es que se estarán perdiendo lo mejor del sexo, que es su descubrimiento poco a poco, desde el respeto mutuo, la búsqueda del placer del otro y la complicidad. Son tres cosas muy básicas que si están aprendidas, luego cada cual con sus fantasías y gustos varios, todo vale en el sexo siempre que sea consentido activamente.


Básicamente, pongamos a trabajar nuestra creatividad y proactividad. El sentido del humor ayuda mucho, si no saben qué hacer, vean con ellos "El sentido de la vida" de los Monty Python. Otro recurso es que se eduque no solo en casa si no más allá, sobre todo en el colegio. Como padres debemos exigir en los colegios educación sexual temprana y de calidad para nuestros hijos.

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